Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

Efesios 4:12-13

 

 

REFLEXIONES

 

DIAKONIA

 

La palabra griega διακονία significa servicio. Y la escencia o corazón de este servicio está arraigado en el mismísimo Cristo, de donde nace todo sevicio de amor verdadero. Nuestro Señor nos dijo que él: "no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." Marcos 10:45a. He ahí la fuente de donde bebe todo diakono, que movido por la misericordia de su Señor, asume también en su propia vida este servicio, cuyo único interes radica en darse o ponerse a dispocisión de aquellos que necesitan ayuda.

 

Dios, en su sabiduría, ha instituído el ministerio pastoral para cuidar y guiar a su pueblo por medio de la Palabra y los Sacramentos. Pero también ha instituido el oficio de la diakonia para que sean brazos que auxilien al ministerio pastoral en la amplia tarea de velar por el rebaño de Dios y llevar el evangelio a las naciones. 

 

Todo Cristiano, en virtud de su llamado bautismal, es un servidor de Dios y su iglesia. Esa es su vocasión natural como hijo de Dios redimido en Cristo. Pero Dios ha tenido a bien instituir un oficio formal y público para que aquellos que él vocasiona y se capacitan  asuman tareas específicas cuando la iglesia así los llame. 

 

El trabajo de los apostoles siempre fue sostenido por muchas manos que les servian de ayuda invalorable. Es así como el apostol Pablo nos habla de una de esas diakonisas que tanto han colaborado en el servicio a la iglesia de Cristo y al ministerio:

 

Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; 

que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros;

porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo. 

Romanos 16:1-2

 

Febe había sido llamada como diakonisa en la iglesia de Cencrea, y Pablo le escribe a los romanos recomendando su cuidado. Los romanos debían recibirla "en el Señor" y no en nombre propio, valorando así la obra de Dios en y a través de ella. Pablo entendía que debían facilitarle el camino en todo pues ella dedicaba su vida al servicio de Dios y de los santos. Los hermanos debían reconocer y valorar este noble oficio que ella desarrollaba por amor.

 

Febe ejercia su llamado ayudando a muchos, incluído el mismo Pablo. El rol de los diákonos es reconocido por Dios, pues Dios mismo lo ha establecido. Este es un hermoso servicio que se brinda a Cristo y por Cristo. El corazón de un diákono no busca lo suyo propio, sino que late al compas del corazón misricordioso de su Señor que lo redimió y lo envió a servir, como el mismo Cristo le sirve a él.

 

No siempre el servicio que uno presta es recnocido o valorado debidamente, pues los seres humanos somos ingratos. Pero la iglesia está llamada a valorar este oficio, y estimularlo. En ese camino estamos en nuestra amada congragción. Deseamos que Cristo nos siga sirviendo con su misericordia a través de las manos de sus diákonos. Que Dios nos asista. Amén.

 

 

PROGRAMA DE CAPACITACION TEOLOGICA